[Nightrunner] Glimpses – The Bond (El vínculo)

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Gracias al facebook del grupo, muchos os habéis enterado de que todas somos fans de Nightrunner, la serie de novelas de fantasía costumbrista.

La serie se publicó en España hace muchos años como El mensajero de la oscuridad, pero desgraciadamente la editorial no pasó del tercer tomo. Algunas fans empezaron a traducir al español el cuarto libro y algunos de los relatos que se incluyen en Glimpses, pero nadie había logrado encontrar en español el que es nuestro favorito, así que nos pidieron una traducción.

Glimpses es una colección de relatos escritos por la propia autora para profundizar en el trasfondo de algunos personajes. No solo tiene escenas más explícitas que en el resto de la serie, sino que también cuenta con numerosas ilustraciones. Muchos lo tomamos como un regalo de la autora a los fans de Nightrunner, pues tiene cierto aire a doujinshi occidental.

Si os gusta la serie, os recomiendo comprar el libro mientras queden ejemplares, pues la edición lo merece. Y si no habéis leído los tres primeros libros, os recomiendo que lo hagáis antes de leer este relato, para evitar spoilers.

Glimpses

Watermead.

Algo rozó la mano de Alec y el muchacho abrió un ojo, esperando encontrarse con Illia o uno de los perros.

Nysander estaba junto a su cama.

–Ve tras él –susurró el mago, su voz tenue como si llegase desde muy lejos–.

Alec despertó dando un respingo y con el corazón en un puño. Nysander había desaparecido como si nunca hubiese estado allí. Y, lo que era peor, Seregil no estaba en la habitación. Alec deslizó la mano sobre las sábanas entre las que había dormido su amigo. Estaban frías.

Fuera sueño o visión, la importancia del aviso de Nysander se hacía más clara a cada segundo que pasaba.

Alec salió de la cama, se puso unos pantalones y una camisa, y se dirigió a toda prisa hacia la puerta. Su pie descalzo tropezó con algo mientras cruzaba el umbral. Era un grueso haz de pergaminos atados con un simple cordel.

Lo desató y examinó rápidamente la familiar escritura fluida que cubría la primera página.

“Alec, talí, espero que me recuerdes con cariño, e intenta…”.

–¡Maldita sea! –las páginas volaron en todas direcciones mientras Alec salía corriendo hacia los establos–.

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[Tsuritama] Novela – Capítulo 1-C

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Hace poco subí el capítulo 1-B de la novela de Tsuritama, pero me sabía mal dejaros en ascuas, así que aquí tenéis la continuación, que también es la última parte del capítulo 1.

Si os ha gustado y queréis que traduzca el capítulo 2, no os olvidéis de comentar.

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La estación de ferrocarril de Enoshima estaba desierta, como una tienda de okonomiyaki[1] con un letrero soso, perdida entre una tienda de recuerdos y un anticuado ryokan.

Yuki se compró el billete, y cuando por fin llegó al estrecho andén, entró un bonito tren de color verde y crema.

Menos mal, justo a tiempo.

Yuki bajó la mirada al ver un grupo de gente con su mismo uniforme y subió al tren. Entonces se encontró con que había un único sitio libre, y se sentó en él.

Y fue en ese momento cuando se dio cuenta.

Frente a él estaba de pie un hombre que tendría la misma edad de Cate.

¡Oh, no! ¿Igual quería sentarse aquí?

Armándose de valor, se atrevió a subir un poco la cabeza.

Ahora que podía verlo bien, no le daba la impresión de que fuera un hombre mayor. Igual si le ofrecía su asiento, se ofendería. Pero igual pensaría que era una mala persona si no lo hacía. ¿Qué puedo hacer? ¿¡Qué puedo hacer!?

En ese momento, los ojos del hombre se encontraron con los de Yuki, y este apartó la mirada, asustado.

¿¡Pero qué haces!? ¡Si apartas los ojos es como si le estuvieras ignorando!

Yuki se armó de valor y se puso en pie.

Pero el hombre se alejó de la tensa cara de Yuki al instante y se apartó.

¿Eh? ¡No puede ser!

Entonces, uno de los estudiantes sentados al otro lado se levantó y le ofreció su asiento.

Ah…

Yuki miró al estudiante de reojo.

Tenía el pelo negro, alborotado como la melena de un león dibujado por un niño, y gafas con cristales rectangulares y una montura fina de color negro. Sería un poco más alto que Yuki.

Pero lo que más le preocupaba a Yuki era el uniforme que llevaba puesto.

¡Es de mi colegio!

El hombre al que le había ofrecido su asiento y se había apartado de Yuki parecía sonreir cuando dijo “gracias”, antes de sentarse en el asiento que había quedado libre.

Ay… ¿por qué siempre acababa igual?

El de pelo alborotado miró a Yuki durante tan solo un instante y se agarró con fuerza al asa triangular que colgaba.

Se acordará de mi cara. Por favor, que no vaya a mi clase.

Mientras Yuki rogaba en silencio, oyó la voz de una estudiante que se reía por lo bajo.

Levantó la cabeza tímidamente y vio a cuatro… no, cinco estudiantes apoyados en la ventana que intentaban aguantarse la risa mientras miraban a Yuki.

¡Oh, no! ¿¡Me estaban mirando!?

No sabía de qué colegio sería el uniforme de las chicas, pero el de los chicos era claramente idéntico al de Yuki.

Una de las chicas, que llevaba el cuello de la camisa abierto y parecía muy guapa, miró a Yuki a los ojos. Al bajar la vista presa del pánico, se encontró con una falda muy corta y unas piernas muy largas. Miró hacia otro lado, pero no podía sacarse la imagen de la cabeza y sentía su espalda como si fuera a correr una maratón. Estaba sudando a chorros.

¡Lo habían visto todo! ¿Qué podía hacer ahora?

Yuki sintió su cara cada vez más tensa.

¡Qué mal! ¡Si sigo así, acabará pasando!

Yuki avanzó un paso, apartándose del agua que rodeaba todo su cuerpo y preparado para lo peor, como si se liberara de las ataduras que lo habían inmovilizado.

Un sitio cualquiera. Tengo que irme de aquí, a cualquier otro sitio. No es lo que pensáis. ¡Me he levantado porque quería ir a un sitio! ¡He tardado un poco, pero ahora iré hacia ese sitio!

El sitio al que había llegado Yuki era la puerta que estaba en el lado opuesto a los chicos que se reían.

Eso es. Yo quería venir aquí. ¿Y ahora? ¿Qué he venido a hacer aquí, en la ventana? ¡Oh, no! ¡No pensé en qué hacer a partir de ahora!

Yuki lo dio todo por perdido y levantó la cabeza, para encontrarse con un mar que llenaba toda la ventana.

¡Oh, qué grande es el mar!

Yuki por poco lo dice en voz alta, pero contiene su propia voz.

Eso es, yo quería ver el mar.

Yuki intenta calmarse con todas sus fuerzas, pero no puede ocultar su excitación.

Pero es que es el mar… ¡Se puede ver el mar desde el tren!

Pero cuando mira alrededor de reojo, todos parecen tan indiferentes como si estuvieran viendo el reloj de su casa. No hay nadie en el tren que le eche siquiera un vistazo.

¿Por qué? ¡Pero si es el mar!

Pero sí que hay una persona que tiene los ojos fijos en el mar. Es el chico con gafas y el pelo alborotado de antes.

Al darse cuenta de que le estaban observando, el chico mira a Yuki.

Yuki se asusta y vuelve a dirigir su mirada al mar.

A la derecha puede ver Enoshima alejándose.

Es maravilloso que haya un colegio tan cerca de un mar como este, piensa Yuki. En ese momento sonó una especie de chillido y el tren llegó a Koshigoehigashikokomae[2].

Ojalá hubiera podido seguir mirando un poco más.

Yuki se sorprendió a sí mismo al pensar eso.

Salió del andén de la estación y dejó atrás el mar para subir por la cuesta que se levantaba a su izquierda y llevaba al instituto de Koshigoe Este.

¿Por qué será?, pensó Yuki.

Aunque seguía siendo la misma cuesta, independientemente de quien la subiera, algunas personas andaban como si fueran a un sitio muy divertido, mientras que otras personas parecían, como él, ir de camino al patíbulo. ¿Por qué había tanta diferencia?

Las piernas de Yuki se hicieron más pesadas poco a poco. Giró la cabeza para mirar hacia atrás, como si sacara la cabeza del agua para respirar durante un instante.

El mar aún estaba ahí. Brillaba y resplandecía como si estuviera despidiendo a Yuki desde más allá de las vías del tren.

Esta vez tengo que hacerlo bien.

Yuki se sorprendió a sí mismo al pensar eso.

Otra vez. Parece que hoy hay muchas cosas sorprendentes…

–Eh… parece que hoy tenemos dos estudiantes nuevos.

Como si fuera jefe de oficina en algún dorama, el tutor se dirigió a los estudiantes, que aún seguían haciendo ruido.

–Aunque parece que uno llega tarde, así que ¿podrías ir haciendo tu presentación?

–Sí

Yuki se puso de pie delante de la tarima y se agarró las manos con fuerza para que nadie se diera cuenta de que empezaban a temblar.

Tengo que hacerlo bien.

No, mejor ir sobre seguro, basta con que sea normal.

Las dos voces que había dentro de Yuki siempre estaban peleándose como si fueran personajes de un nivel similar en un videojuego de lucha.

–¡Hola!

¡La voz! Tranquilízate. No hace falta que hables tan alto.

–Hola, soy Yuki Sanada. Vengo de Tokio.

Sí. Justo así.

–Ni siquiera sé ya cuántas veces me he cambiado de colegio, pero nunca he conseguido acostumbrarme a las presentaciones, así que si digo algo raro, disculpadme.

Muy bien. ¡Estoy muy tranquilo!

–Esto… Antes…

¿Qué pasa con antes? No vayas tan rápido.

–Vi el mar de camino hacia aquí.

Eso es. Tenía intención de hablar sobre el mar.

–El mar es enorme, el cielo es hermoso y el aire es muy puro.

¡Muy bien! ¡Estoy que no me reconozco!

–Entonces pensé que Enoshima es un lugar maravilloso.

¡Genial! ¡Es perfecto!

–Y eso…

Nada más decirlo, se quedó totalmente en blanco. ¿Había empezado demasiado bien y había bajado la guardia, o es que se había emocionado demasiado al mostrar ese valor inusitado?

¿Y eso? ¿Por qué has dicho “y eso”?

¡Si no tenías nada pensado!

Yuki se aproximaba al mismo callejón sin salida de siempre.

Tiene que decir algo, pero no le sale nada.

El callejón sin salida que le ha atormentado incontables veces hasta ahora.

Es un callejón sin salida similar a aquel camino que uno se encuentra cuando, yendo en bicicleta por la noche, pedalea tan rápido que se aleja demasiado, y se da cuenta de que se ha perdido cuando ve que no lo reconoce.

¿Qué hago ahora? No lo sé. Para empezar, habla de algo. De lo que sea. ¡Aaah! ¿¡Qué puedo hacer!?

En ese momento, un dios usurpó el cuerpo del tutor y habló a través de él.

–Bien, un aplauso, chicos.

Para Yuki no podría haber un salvador mejor, aunque como no sabían por qué tenían que aplaudir, no hubo muchos aplausos por parte de los estudiantes.

Bueno, pero eso es más que suficiente.

Yuki sabía que no podía esperar que las cosas le fueran bien. Si pudiera ganar un millón de yenes contestando una pregunta más, preferiría irse con sus 55 yenes.

–Gracias.

Yuki hizo una reverencia con la cabeza y se dirigió hacia su sitio.

Pero antes de llegar a su sitio, le esperaba algo que sobrepasaba la imaginación de Yuki. Cuando llegó al pupitre que había después de la ventana, y se atrevió a mirar a su alrededor ya más relajado, se encontró con una cara conocida en el pupitre de al lado.

–¡Ah! –se le escapó a Yuki, que se levantó instantáneamente de la silla en la que se acababa de sentar–.

Sentada a su lado estaba la chica que se había reído en el tren. La chica con el cuello de la camisa abierto y las largas piernas… ¡No! ¡Ya está bien!

Erika volvió a revivir la escena que había presenciado en el tren unos minutos antes y se le escapó una risita sin darse cuenta. Desde luego, no es que se estuviera riendo de él, pero Yuki en ese momento no tenía la capacidad de pensar en lo contrario.

–¿Qué ha pasado?

Entre todos los estudiantes que le miraban, Yuki volvió a encontrarse con una cara que hubiera preferido no volver a ver.

¡El chico de gafas y pelo alborotado!

Natsuki Usami miró a Yuki durante un segundo, e inmediatamente puso cara de no estar interesado, se sopló el flequillo y miró hacia delante.

Ojalá todos hubieran hecho lo mismo, pero el único que miraba hacia delante era Natsuki. El resto de estudiantes seguían mirando a Yuki, esperando a ver qué había pasado.

O-oh, no…

Yuki volvía a sentir que su cara se tensaba. Había conseguido controlarlo durante la importante ceremonia de presentación, pero parecía que aquella cosa por fin le había encontrado y se disponía a llamar a su puerta.

Por favor, no me miréis. ¡No ha pasado nada! ¡Solo me he levantado de la silla! ¡Y no tengo a dónde ir ahora!

“¡Por favor!”, pensó Yuki.

¿Dónde estaba aquel dios que le había mostrado el mar en el tren y que antes había poseído al tutor cuando pidió los aplausos? Una vez más, tan solo una vez más. ¡Sálvame, por favor!

Mientras pensaba aquello, Yuki sintió que su cara empezaba a transformarse. Ya era demasiado tarde.

Ya no puedo más. ¿En serio tiene que ser ahora? ¡Es mi primer día! ¿Por qué tengo que poner esa cara en mi primer día?

¡Aaaaaaaaaaaaaaah!

En ese momento, la puerta corredera de la clase se abrió haciendo ruido.

¿Eh? ¡No puede ser!

El momento era tan oportuno, que por un momento Yuki creyó que sería un dios de verdad.

Pero el que entró era un chico rubio y enclenque que no daba el pego como un dios. Haru llevaba una gran mochila a la espalda, una caña de pescar en la mano y una amplia sonrisa que parecía decir “me ha pasado algo increíble”.

–¿Eh? –el tutor abrió la veda con sus palabras, y los estudiantes empezaron a murmurar–.

–¿Quién es?

–¿Va a pescar algo?

–¿Por qué lleva eso?

–Soy Haru. ¡Vengo del espacio!

Haru lo dijo con una voz tan alta como el sol del mediodía en un cielo azul de verano, apagando los murmullos de todos los estudiantes. Y aquella revelación tan increíble cayó como una piedra, creando grandes ondas en el estanque que era la clase.

–¿Eh? ¿Qué ha dicho?

–¿Ha dicho que viene del espacio?

–Qué mal rollo, ¿no?

–¡¿Qué dices?! ¡Es genial!

Como era natural, Yuki también se quedó atónito, pero mantuvo la entereza suficiente para aprovechar la oportunidad que se le brindaba.

No entiendo nada, pero ahora es el momento, ¡siéntate!

Y justo cuando el confuso Yuki se disponía a sentarse en la silla que había apartado…

–¡Ah, ahí estabas! ¡Yuki!

¿¡Qué!? ¿Por qué ha dicho mi nombre?

La existencia de Yuki, que ya se había desvanecido, volvió a caer presa del escrutinio.

¡Que yo no le conozco de nada! ¡No es amigo mío!

–¡Gyuiiing!

Junto con un sonido que nunca antes había oído, Haru lanzó la caña de pescar que llevaba en la mano con todas sus fuerzas. No tenía sedal, pero todas las personas que estaban en la clase sintieron cómo el hilo invisible trazaba un arco hasta llegar a Yuki.

¿Eh? ¿¡Qué!?

–¡He dado en el blanco!

Haru gritó aquello y se puso a darle vueltas al carrete totalmente pletórico.

–¡Ven aquí, ven aquí, ven aquí!

A estas alturas ya no hay comentario que valga. Los estudiantes se habían dejado llevar por la ola que Haru había causado y esperaban la reacción de Yuki.

¿Eh? ¿Qué? Imposible. ¡Esto es imposible!

Yuki nunca se había sentido tan acorralado. De pronto, recordó al abusón de su colegio de primaria, un niño que a veces mandaba a la gente hacer cosas sin sentido, y se enfadaba si no reaccionaban como él quería. Yuki nunca consiguió satisfacerlo con sus reacciones, y el chico unas veces le echaba la bronca, otras le daba un coscorrón.

Pero oye, pensó Yuki mientras miraba al eufórico Haru que seguía dándole vueltas al carrete.

Igual este chico es distinto. Igual no se enfada aunque yo no reaccione como quiere. No parece ser tan problemático.

Haru mira a Yuki y le sonríe. Seguro que en el fondo no es consciente de estar acorralando a alguien lo más mínimo. Seguro que su corazón simplemente está gritando de alegría mientras su mano sigue dándole vueltas al carrete.

No parece ser ese tipo de persona, pero entonces ¿por qué…?

Yuki dejó de hacer conjeturas en ese mismo instante. Se quedó petrificado al sentir la diferencia que había entre ellos, como si fuera una distancia de miles de años luz. Tan solo le quedó clara una cosa.

¡Yo no puedo con él!

[1] Comida japonesa que consiste en una masa con varios ingredientes al gusto, que se cocina a la plancha.

[2] “La estación frente al instituto de Koshigoe Este” (lo que viene a significar el nombre) no existe. De hecho, aunque existe el colegio de Koshigoe, no existe el instituto ( y mucho menos del este). La estación que se usó como modelo en el anime fue la de Kamakurakokomae. Por supuesto, el instituto de Kamakura sí que existe, que es donde se encuentra la verdadera estación.

[K] K SIDE: BLUE – El discípulo del espadachín demoníaco (extracto)

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¿Os gustó el intermedio de K SIDE: RED que compartí hace tiempo?

Si es así, aquí tenéis un extracto de K SIDE: BLUE que habla sobre Jin Habari, el anterior Rey Azul.
Si os gusta, podría traducir algo más de esta novela. ¿Qué os parece?

 

 

Yo he nacido para conocer a este hombre.

Ese sería el caso para la mayoría de los que se congregaban a las órdenes de un rey. Al menos, eso es lo que Zenjoh pensó cuando se encontró con el Rey Azul por primera vez.

Jin Habari.

El Rey Azul era el líder de Scepter 4, la organización encargada de controlar a la gente con poderes, y su deber era mantener el orden público y proteger a los ciudadanos.

Nunca dudaba ni cometía errores, siempre era rápido y preciso.

Era una persona noble y honesta. Un hombre como una espada castigadora que se alzaba imperturbable en el cielo.

Y entonces Zenjoh pensó que sería apropiado para él estar junto a otra espada castigadora.

–Tengo buena suerte.

Se dirigió a Habari en una ocasión para decirle aquello.

–En este mundo es difícil saber con certeza qué papel debemos cumplir… pero yo solo he de protegerte a ti. Ciertamente es fácil de entender.

–Te equivocas, Zenjoh –dijo Habari inmediatamente–. No soy yo a quien debes proteger.

–¿Mmm? ¿Entonces a quién?

Zenjoh volvió a preguntárselo, y Habari contestó mientras alzaba la mirada hacia las nubes de verano.

–A nuestra justicia.

–¿Eh? –contestó tras meditarlo durante un rato–. Para mí es lo mismo. Es decir, que para mí la justicia… eres tú.

–No, eso no es cierto.

–No lo entiendo.

–No hace falta que intentes entenderlo.

–Oh, ¿acaso quieres decir que soy tonto?

–Ciertamente, no creo que seas inteligente.

Zenjoh no era elocuente, y Habari no era de los que embellecían las palabras, así que las conversaciones entre ambos eran “como un diálogo Zen”, lo cual provocaba risas entre los otros miembros del grupo.

–Quiero decir que, aunque no tengas cabeza o facilidad de palabra, yo confío en tu brazo –reiteró Habari–. Solo hay una cosa que tú puedas o debas hacer, ¿verdad?

–Es decir… esto, ¿no?

Zenjoh golpeó la vaina de la espada larga que llevaba a la cintura. Habari asintió con la cabeza.

–Por eso Gouki Zenjoh es un hombre que nunca comete errores cuando llega el momento de la verdad.

–Ya veo…

Zenjoh paseó su mirada entre su espada larga, la cara de Habari y las nubes en el cielo. Cuando blandía su espada, tenía la impresión de que su propio destino estaba conectado a algo grande.

–Bueno, es la verdad, ¿no?

Zenjoh asintió.

Todo era simple, todo estaba claro, y todo resplandecía.

Y además…

–Bueno… entonces está bien.

Lo único que aún permanece en mis recuerdos es esa deslumbrante sonrisa que respondió a mis palabras.

El hombre cuya sonrisa está grabada a fuego en mi corazón, Jin Habari… el Rey Azul ha desaparecido de este mundo.

Julio de 199X.

La espada de Damocles de Kenji Kagutsu, el Rey Rojo, se ha descontrolado y ha caído. Y con ello, un área de unos cien kilómetros de diámetro en el centro del distrito sur de Kanto ha sido completamente destruida. Junto a 700 000 civiles, el Rey Azul Jin Habari, y su seguidores el Scepter 4, se han visto arrastrados por una ola de energía destructiva.

“El incidente de Kagutsu”, la mayor Damocles Down que se ha registrado en la historia.

A partir de ese día, la forma de este país quedó marcada: los mapas muestran un vacío, como si un trozo de tierra hubiera sido arrancado.

Puede que eso también provocara el gran agujero que hay en el corazón de Zenjoh.

Zenjoh sobrevivió, cargando con ese vacío en su pecho y habiendo perdido un brazo.

Después de aquello, en el mundo que había perdido a los dos reyes, el rojo y el azul, el número de incidentes peligrosos causados por gente con poderes especiales había seguido aumentando. Scepter 4, la organización encargada de controlar a la gente con poderes, continuaba existiendo pese a haber perdido su núcleo.

Pero…

Zenjoh había abandonado Scepter 4 y comenzado a vivir como un ermitaño.

–Lo que tú debes proteger… es nuestra justicia.

No había dudado al obedecer la última voluntad de Jin Habari. Pero no creía que encontrar y perseguir a toda persona que desarrollara poderes fuera lo más acertado para ese Rey. La justicia que él buscaba no estaba dentro de Scepter 4, y había vuelto a quedarse sin señor al que servir.

Ya no había nada por lo que desenvainar su espada, y la hoja iba oxidándose dentro de su vaina. Le gustaba pensar que ese era él mismo.

Y entonces, casi diez años después, el timbre de la puerta sonó.

 

 

Zenjoh abrió la puerta de la casa donde vivía solo y se quedó sin respiración.

Delante de sus ojos se encontraba una figura que no veía desde hacía años: Habari estaba de pie frente a su puerta.

No… no puede ser. Ese hombre no era Habari. Fijándose bien, tampoco se parecía tanto. Pero tenía algo que hacía que se diera un aire.

El hombre llevaba un uniforme azul y una espada a la cintura. No pasaría de la veintena, pero la mirada que le dirigía a un soldado veterano como Zenjoh no mostraba sombra de duda, o timidez alguna. Era algo más allá del simple descaro, mostraba tanta confianza en sí mismo que resultaba abrumador. Parecía un hombre que tenía fe en su propio destino.

–Usted es Gouki Zenjoh, ¿no? –Zenjoh seguía mirándolo boquiabierto cuando el hombre se dirigió a él para presentarse–. Encantado de conocerlo. Mi nombre es Reishi Munakata.

–Adelante… Pasa adentro.

En los más de 10 años que había vivido como ermitaño, su misantropía había empeorado considerablemente, pero este hombre, Munakata, tenía una presencia que era imposible de ignorar. Después de invitarlo a pasar, Munakata volvió a hacer gala de su serenidad adentrándose en su territorio, en su gigantesca morada, con toda la tranquilidad del mundo a pesar de que no se conocían.

Zenjoh preparó el té, ambos se sentaron en posición de seiza sobre el suelo de tatami y se miraron.

–Siento haber venido sin avisar –dijo con una leve reverencia–.

–No importa…

Zenjoh le indicó que parase alzando su mano derecha.

En su casa no había línea ni teléfono, y desde luego no tenía ningún terminal portátil de comunicación. Había un funcionario del gobierno, del departamento de comunicaciones, que se encargaba de hacer de mensajero y vigilante cuando era necesario. Pero Zenjoh siempre había rechazado cualquier mensaje que le traía. Es decir, que lo único que Munakata podía hacer para ver a Zenjoh, era ir en persona a ese lugar.

–Tu… ¿y ese uniforme? –preguntó Zenjoh–.

–Mi cuerpo aún no se ha acostumbrado a él, pero… –Munakata tocó el cuello de su uniforme azul y esbozó una pequeña sonrisa– .

–Eres de Scepter 4. Has cambiado un poco el diseño –la expresión de Zenjoh cambió ligeramente y Munakata asintió–.

–La organización de Scepter 4… He heredado su posición y su autoridad. Quizá debería presentarme más formalmente…

–Como quieras…

–Soy… el Rey Azul actual.

Como pensaba…

Poseedores de una fuerza incomparable, líderes de aquellos con poderes, los reyes de lo sobrenatural.

No era algo que se eligiera por votación en una organización, ni algo que decidiera algún superior, sino que un día, sin previo aviso, la Roca los convocaba.

Al igual que había sucedido una vez con Jin Habari, Reishi Munakata también habría pasado por ese súbito despertar, convirtiéndose en el Rey Azul y en el líder de Scepter 4.

–¿Qué hay de los miembros de Scepter 4?

Durante diez años, Scepter 4 había continuado con sus actividades a pesar de ser un clan sin rey, pero el año anterior lo habían suspendido a raíz de cierto incidente, y en la actualidad la organización se consideraba finalmente disuelta.

–Yo mismo estoy seleccionando a todos los miembros del renacido Scepter 4–Munakata contestó la pregunta de Zenjoh con total tranquilidad–.

–Ah… ya veo…

Estaría mintiendo si dijera que nunca había pensado que tener compañeros fuera algo innecesario, pero al mismo tiempo…

También pensaba que era algo bueno.

El deber de un rey con poder sobrenatural no es prestar atención a los sentimientos de sus subordinados. Deben aceptar la responsabilidad que su poder conlleva, ya que pueden realizar hazañas que no están al alcance de ninguna otra persona.

Es lógico que un nuevo Rey Azul cree una nueva organización si así lo desea. Ese es su trabajo, ¿no es así? No tenía por qué ir a decírselo a un hombre caído en desgracia como él mismo. Ahora solo era un antiguo miembro de Scepter 4, así que suponía que Munakata había ido a comunicarle sus planes por cortesía.

–Ya veo…

Repitió antes de hacer una profunda reverencia.

–Rezaré para pedir que el nuevo Scepter 4 tenga éxito.

Al pronunciar esas palabras, sintió que una herida en su interior se cerraba al fin. Era como si Jin Habari hubiera regresado del otro mundo y hubiera adquirido la figura del joven que tenía frente a sus ojos para ir a decirle “Ya puedes descansar”… Qué estupidez, imaginar algo semejante… Y sin embargo…

–Bien, dejemos a un lado las formalidades… He venido a por ti –dijo Munakata sonriendo–.

Cuando se fijó en su sonrisa, todo el cuerpo de Zenjoh se puso en tensión. Le llegó un presentimiento como una descarga eléctrica.

Era distinto…

El hombre que estaba frente a sus ojos sí que tenía algo en común con Jin Habari. Puede que fuera la propia naturaleza de un rey.

No ponía eso en duda, pero…

Pero este hombre era claramente distinto a Jin Habari.

–Je, je… Qué aura tan temible… Eso hace que tenga aún más ganas de poseerte. Aquel al que llamaban mano derecha y confidente del Rey Azul Jin Habari, el espadachín más fuerte… “El demonio Zenjoh”.

Munakata no flaqueó al ver la expresión del iracundo Zenjoh, sino que su sonrisa se hizo aún más amplia.

Era la sonrisa insondable de alguien que puede leer la mente de quienes le rodean, pero que nunca revela sus verdaderas intenciones.

La mano derecha de Zenjoh se dirigió de forma involuntaria a la empuñadura de su espada. Todo su cuerpo anhelaba la espada que ya no llevaba colgada desde hacía mucho tiempo.

–Lo que hay que proteger es nuestra justicia.

Durante diez años, aquellas palabras habían sido el dogma de Zenjoh. No, de hecho se habían convertido en su razón para vivir. De eso no tenía la menor duda.

Pero este hombre…

Este hombre llamado Reishi Munakata, ¿sería un rey cuyos objetivos incluían la justicia? O por el contrario, ¿sería un ser extraño a ella?

Sintió que debía cerciorarse de ello.

Para proteger la justicia de Jin Habari, y la suya propia, hasta sus últimas consecuencias.

[K] Traducción del twitter de GoRA

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Hace poco subí algo de información sobre GoRA, el grupo de siete novelistas japoneses que se ha encargado de crear y dar forma al universo de K.

Los siete componentes del grupo (Red, Blue, Pink, Orange, Yellow, Green y Black) se turnan para encargarse del twitter que manejan entre todos.

Durante un tiempo, y gracias a un servicio online llamado shindanmaker, estuvieron turnándose para hablar de cómo veía cada uno la relación entre dos personajes de K que la gente hubiera votado.

En una de esas, a Blue le tocó hablar de Mikoto Suoh y Tatara Totsuka.

Por supuesto, no pude resistirme a traducirlo:

 

 

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+:.━━╋⊂(ω)彡 Battou(Blue)

Parece que últimamente empieza a refrescar bastante. Cuánto tiempo sin veros, soy Blue de GoRA. (Blue)

En fin, como viene siendo nuestra práctica habitual, seguimos con el proyecto de shindanmaker, y el tema de esta semana es “Tatara Totsuka y Suoh Mikoto”. (Blue)

Totsuka y Suoh…  Bueno, esto es mi opinión personal, pero creo que es un tema más complicado que el de una pareja estándar. Decir algo así como “el rey solitario y su alegre aliado”, o “el león y su domador”, o “el hecho de que Totsuka es una de las pocas personas en las que Suoh confiaba” sería lo básico, pero… (Blue)

Puedo decir, sin temor a malentendidos, que yo creo que “Totsuka es una persona especial”, y me
pregunto si no sería algo así como la parte menos masculina de Suoh Mikoto, el viril Rey Rojo que es la cabeza del Homura. Es decir… (Blue)

En cierto modo, creo que son un grupo muy masculino, con la virtud de formar un grupo homogéneo donde todos son camaradas. “Todos para uno, y uno para todos”, ese es el tipo de gente que son. (Blue)

En realidad, puede que se lleven mejor o peor, pero a pesar de eso, se rigen por el principio de que “un camarada es un camarada”, y en un gupo así parece que hacer una diferenciación según tus preferencias personales, y sobre todo por tener una “relación especial” con alguien, es algo muy poco varonil… (Blue)

Y pienso que, en general, un grupo como el Homura, cuyo elemento es la violencia, jamás ignoraría su
“fachada de virilidad” cuando opera a gran escala. (Blue)

Después del incidente de Totsuka, lo que debe decirse a unos subordinados que van a unirse en una peligrosa lucha, es que “Totsuka y vosotros sois iguales. Todos somos el Homura. El Homura se vengará de sus enemigos”. Y especialmente Suoh, como cabeza de la organización, se encuentra en una posición en la que no puede decir “Totsuka es especial”. (Blue)

De todos modos, lo cierto es que a Suoh no le van ni las organizaciones ni el liderazgo. En primer lugar, sin Totsuka nunca habría sido “líder” ni “jefe” de nada. Seguramente, habría seguido siendo “simplemente Suoh”… (Blue)

Que alguien así intente preservar un grupo como el Homura a pesar de su pésima habilidad para ello, supongo que es porque “es el lugar que Totsuka una vez creó para Suoh”, ¿no? (Blue)

“En cuanto a sus sentimientos hacia Totsuka,es algo que no debe mostrar ante los demás.” Suoh es una persona tímida por naturaleza, y que no exterioriza sus sentimientos. Pero en el anime Suoh está bajo la
influencia de esa contradicción, y pienso… ¿acaso eso no es terriblemente interesante? (Blue)

[K] Información sobre GoRA

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Como hay gente que me pregunta por GoRA y GoHANDS de vez en cuando, he decidido hacer un post que resuma más o menos todo lo que sé. Es difícil recopilar información sobre GoRA, pero a lo largo de este año hemos ido conociendo bastantes cosas.
Si alguien quiere aportar más datos que haya encontrado por otras fuentes, o rebatir los que yo he encontrado, por favor, que comente 🙂

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GoRA se creó como un grupo de guionistas y escritores que trabajaran con el estudio de animación japonés GoHANDS para crear un proyecto novedoso cuyo nombre en código era “K Project”. Para ello, seleccionaron a siete novelistas japoneses (sí, como los siete reyes), que trabajarían mano a mano con GoHANDS y los llamaron GoRA (porque writer en katakana se escribe RAitaa). Ellos se han encargado de guionizar la serie de animación, los mangas y los Dorama CDs, escribir las novelas (que miembros de GoHANDS ilustran), las historias cortas que regalaban en Animate y, en resumen, crear el universo de K.

Al principio no se sabía quiénes eran los miembros de GoRA. Tienen un twitter donde empezaron a subir cosas sobre K hace ya bastante tiempo, y siempre firmaban con nombres de colores en inglés: Red, Blue, Pink, Orange, Yellow, Green y Black.
Y así siguen llamándose, aunque ya se sabe quién es quién. Y es que, aunque varios de los miembros de GoRA son novelistas bastante populares en Japón, GoRA sigue siendo un grupo creado exclusivamente para K. Sus verdaderos nombres (o pseudónimos más conocidos) siguen usándolos para publicar novelas que no tengan que ver con K Project.

Aquí tenéis a los miembros de GoRA y algunos de sus trabajos más conocidos:

Red: Miyazawa Tatsuki (汝、怪異を語るなかれ)

Green: Azano Kouhei (“Black Blood Brothers”, “Tokyo Ravens”)

Yellow: Kabei Yukako (“Kieli”, “The Sleepy Residents of Birdcage Manor”)

Blue: Furuhashi Hideyuki (“Blackrod”, “Fuyu no kyojin”)

Pink: Rairaku Rei (“Kanashimi Chimera”, “6: Sechs”)

Orange: Suzuki Suzu (“Thunder Girl!”, “Kyuketsuki no oshigoto: The Style of Vampires”)

Black: Takahashi Yashichiro (“Shakugan no Shana”, “A/B Extreme”)

Red es el líder de GoRA, y sé que tiene varias cosas publicadas, pero no encuentro nada que sea popular, aparte de K. Eso sí, se ha encargado de un montón de cosas para K. Por si os interesa, muchos de estos novelistas han sido ganadores de alguno de los premios de novela Dengeki, conocidos por ser los premios literarios japoneses más deseados de novela ligera.

¿Pero de qué se ha ocupado cada uno en K? Pues algunos han hecho novelas, otros han guionizado mangas, y todos han guionizado algún episodio:

Red: Episodio 3; manga “K: Stray Dog Story”; novela “K SIDE: BLACK & WHITE”.

Green: Episodios 5, 11 y 12.

Yellow: Episodio 13.

Blue: Episodios 1, 7 y 9; novela “K SIDE: BLUE”.

Pink: Episodios 4, 6 y 10; mangas “K: Memory of Red” y “K: Days of Blue”, novela “K SIDE: RED”.

Orange: Episodio 2.

Black: Episodio 8.
Bueno, supongo que eso es todo por ahora, avisadme si se me ha olvidado algo.
Como bonus, aquí tenéis algunos twitters: GoRA, Red, Green, Yellow, Blue.

[Tsuritama] Novela – Capítulo 1-B

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Espero que os haya gustado la anterior entrega, porque hoy os traigo la continuación de la novela de Tsuritama.

Como veréis, hay algunas escenas que no son iguales que en el anime.

 

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¡Plip!

La pecera se encuentra fuera de la primera tienda de recuerdos que hay al entrar en la calle comercial que lleva hasta el templo.

Nadie se ha dado cuenta de que algo ha caído dentro del agua. El sonido era apenas audible, y a esas horas no hay turistas y las tiendas aún están cerradas. Los únicos sorprendidos son los otros peces que estaban nadando dentro de la pecera.

El agua aún no se había calmado cuando los dos peces que acababan de zambullirse empiezan a nadar. Uno es dorado y el otro es rojo. Sus escamas resplandecen, reflejando el sol de la mañana.

–¿Y qué hacemos ahora, hermano? –dijo el pez rojo con una sonrisa–.

–Mmm…

El pez dorado tardaba en responder. No paraba de nadar por todos lados, disfrutando de poder estar en un nuevo tipo de agua. El pez rojo nadaba con tranquilidad, dando vueltas en círculo, mirando al pez dorado que de vez en cuando sacaba la cabeza fuera del agua.

–Podrías parecer un poco más triste, ¿sabes? –dijo como si se lo repitiera por enésima vez–.

 

El destino final del coche en el que iban Yuki y Cate era una casa situada cerca de la torre que atravesaba la isla, la misma que habían visto antes por la ventanilla.

Yuki sabía por el buscador de su smartphone que la torre se llamaba “Sea Candle”. La vela del mar. Para ser sinceros, no parecía una vela, pero le gustaba su silueta de todas formas. Al parecer, se podía ver todo Shounan si subías al mirador.

El nuevo hogar de Yuki y Cate era una casa de dos pisos, de aspecto algo antiguo y de estilo occidental. La puerta de entrada era tan imponente, que parecía ser la embajada de algún país extranjero.

Aunque por supuesto, Yuki nunca había estado en una.

–¿Es aquí?

–Sí, ¿a que está bien? –respondió Cate mientras se bajaba del coche y miraba, resplandeciente, su nueva casa–. Y ese será mi lugar de trabajo.

Cate, al contrario que las abuelas japonesas, siempre hablaba de sí misma en primera persona. Nunca utilizaba la tercera persona, ni siquiera cuando ella y Yuki estaban a solas. Por eso Yuki no solo la veía como su abuela, sino también como una mujer. A pesar de todo, era su abuela, y sentía que no debía entrometerse en sus asuntos, pero algunas veces pensaba que debería involucrarse más.

–Lo llaman el Jardín de Samuel Cocking, ¿no?

–Así es.

“Uno de los sitios más famosos de Enoshima.” “El gran jardín fue creado en 1882 por el comerciante británico Samuel Cocking.”

El trabajo de mi abuela consiste en cuidar plantas y flores, y por eso nos vamos mudando de una ciudad a otra.

–Es una suerte que esté tan cerca de casa.

–Pues sí.

Aunque parezca estar hablando por hablar, lo digo muy en serio. A veces me olvido de ello al ver a mi abuela siempre tan sonriente, pero lo cierto es que tiene una enfermedad pulmonar y ya ha tenido que ser ingresada varias veces. Normalmente intento no pensar en ello, pero a veces me imagino qué pasaría si mi abuela muriese. En esos momentos, que suelen ser por la noche después de meterme en el futón, odio mi propia mente por pensar demasiado. Pienso mucho, pero no obtengo respuesta. Pensar en mi abuela y su enfermedad pulmonar no me conduce a ningún sitio. Tengo que dejar de hacerlo. Mi abuela está ahora delante de mí, sonriendo en medio de un lugar que ha llamado hermoso.

 

–¿De verdad vas a ir? También puedes empezar mañana.

–No importa. Da lo mismo que sea hoy o mañana.

A mi abuela le preocupaba que fuera a mi nuevo colegio nada más llegar, pero yo ya había decidido que iría desde el primer día. No estoy preocupado.  No hay nada que me pueda asustar en una nueva ciudad. Lo único que me importa es que mi abuela se lo crea. El resto me da igual.

–Espero que hagas muchos amigos.

–No te preocupes. Ya soy un veterano en cambiar de colegio.

Yuki se puso su uniforme nuevo y salió por la puerta. Cate, que había ido a despedirle, le gritó mientras se alejaba.

–¡Yuki! –y volvió a sonar una amable canción–. Reste souriant et confiant[1].

–¡Vale!

Yuki le mostró una sonrisa llena de confianza.

 

Salió tan temprano de casa porque no sabía cuánto tardaría en llegar al colegio. De hecho, solo para llegar frente al templo bajando por la larga escalera de piedra se tardaba bastante tiempo. Y la estación quedaba aún más lejos. Yuki dejó atrás la puerta de entrada al templo y empezó a descender por la calle comercial.

No había casi nadie andando por la calle. Solo se encontró con los que estaban preparándose para abrir las tiendas. No podía evitarlo porque era todo cuesta abajo, pero se sentía incómodo andando a un paso tan rápido.

 

Había muchos gatos por la calle y todos estaban repantingados por el suelo como mayonesa derramada. Las tiendas de la calle comercial del templo parecían viejas y pequeñas. Había llamativos carteles con la palabra “chanquetes” por todas partes. Arroz con chanquetes. Helado de chanquetes. Pan de chanquetes y pizza de chanquetes, takoyaki[2] de chanquetes, donuts de chanquetes… Parece que es la especialidad de la isla. Puede incluso imaginarse los donuts, pero no tiene ni la más remota idea de cómo sería una cerveza de chanquetes. Ni siquiera ha probado la cerveza normal, y ahora que lo piensa, tampoco es que haya comido tantos chanquetes…

Yuki pone cara de haberse cansado de investigar y levanta la cabeza, solo para encontrarse con que hay varios tenderos hablando y riéndose antes de abrir la tienda de chanquetes. Al percatarse de que Yuki está ahí, miran hacia él.

¡Argh, me están mirando!

Claro que sí, piensa Yuki. Al fin y al cabo, llamaba la atención y nunca antes le habían visto por aquí. Cuando Yuki se tocó el pelo rojo que tanto le inquietaba, los hombres le sonrieron.

¡Uah, me están sonriendo!

¿Qué hago ahora? Yuki aceleró el paso.

Pensarán que soy una mala persona si los ignoro. A partir de hoy tendré que hacer el mismo camino todos los días, tengo que ser valiente.

–Hola –dijo Yuki con voz ronca–.

–¡Buenos días! –respondieron a viva voz–.

¡Oh, no! ¡Si es por la mañana, tendría que haber dicho buenos días!

Yuki se dio por vencido, agachó la cabeza avergonzado, y aceleró el paso aún más. “Don’t mind”, se dijo a sí mismo, intentando que su corazón dejara de latir tan rápido.

Don’t mind. El día de hoy acaba de comenzar.

Yuki miró con miedo el reflejo de su propia cara en la pecera que estaba fuera de la tienda de recuerdos.

Está bien, aún no se ha convertido en esa cara.

Intentó esbozar una sonrisa con todas sus fuerzas.

En ese momento, el pequeño pez dorado que no podía calmarse miró a Yuki.

¿Eh? ¿Me acaba de mirar a los ojos? ¿¡Y me ha sonreído!?

 

 

El pez dorado siguió con la mirada al sorprendido Yuki mientras se alejaba.

–¿Qué pasa, hermano?

El pez dorado contestó al inquisitivo pez rojo con una afable sonrisa. No es una metáfora ni ninguna otra figura literaria. Subió las comisuras de los labios y sonrió de verdad.

 

Yuki seguía andando rápido cuando empezó a cruzar el Puente Benten y se paró de golpe. El viento era muy agradable.

Antes no se había dado cuenta, pues habían cruzado en coche. Y aunque lo había visto por la ventanilla, ahora que tenía el amplio mar frente a él, la sensación era completamente distinta. El reflejo del sol sobre el mar se mecía entre las olas. Había pasado bastante tiempo desde la última vez que había visto el mar tan de cerca.

Yuki se detuvo a mitad del puente, se agarró al pasamanos, y entrecerró los ojos intentando discernir la línea del horizonte.

 

Sus cabellos dorados se mecían con el viento. Sobre la camisa blanca llevaba una corbata de color rosa claro. Andaba balanceando el cuerpo y parecía estar tan feliz como si fuera la primera vez que ponía los pies en el suelo.

Y a cada paso, agitaba alegremente lo que llevaba encima: una caña de pescar.

Sobre su cabeza, abriéndose cual flor, reposaba una pecera de bola. En su interior, alrededor de una pequeña rueda hidráulica, el mismo pez rojo que estaba en el acuario de la tienda de recuerdos nadaba con elegancia. Sin embargo, el agua se agitaba cada vez que él andaba, y el pez rojo miraba a su portador como si quisiera quejarse.

Pero él seguía andando sin preocuparse. En su rostro había una sonrisa. Parecía un niño apresurándose para ir a una feria que se celebra una vez al año. Cargaba a sus espaldas con una enorme mochila, de la cual colgaba una pistola de agua, de plástico verde transparente, igual que las que venden en las ferias.

Se detuvo frente al Sea Candle con una exclamación de sorpresa, como si hubiera encontrado una estrella fugaz, y miró hacia arriba.

¡Sky… Tree!

Dentro de la pecera, el pez rojo suspiró disgustado.

El de cabellos dorados miró a otro lado sin darse cuenta de su equivocación.

–¡Ah, es un buen sitio!

El sitio que había visto y hacia el que iba corriendo era la nueva casa de Yuki.

–¿Qué te parece? –esbozando una sonrisa, dirigió la pregunta hacia la pecera–.

–No está mal, ¿no? – dijo el pez rojo asintiendo–.

No es una metáfora ni ninguna otra figura literaria. El pez asintió moviendo la cabeza.

–Hola.

Cate salía del jardín con una placa algo grande entre las manos.

–Hola.

–Soy Haru –contestó él, como si fueran vecinos desde hacía años–.

–Haru-kun, qué nombre más bonito.

–Vengo del espacio.

–Vaya, qué bien.

Cate tampoco se quedaba atrás en cuanto al trato con familiaridad. Contestaba como si estuvieran manteniendo la típica charla sobre el tiempo, mientras colgaba la placa, con un hilo, del clavo de la entrada. El chico rubio que decía llamarse Haru cogió un rotulador del bolsillo del delantal de Cate y se puso a escribir en la placa. Debajo de las palabras “Sanada Cate” y “Yuki”, escribió un gran “Haru”.

Cate se quedó mirando las letras como si fueran niños tumbados en la playa y sonrió.

–Yo vivo aquí.

Cate se quedó callada un momento, tan solo un instante, y volvió a sonreír.

–Entonces… ¿me prometes una cosa?

–¿Prometes?

Haru miró a Cate con la expresión más indefensa del mundo, como si fuera la primera vez que oía esa palabra en toda su vida.

 

 

Alguien estaba observándolos. No estaba cerca, sino por encima de ellos, y los escudriñaba desde la plataforma de observación del Sea Candle, a través de unos imponentes prismáticos. Un traje negro sin una sola arruga envolvía su cuerpo, y llevaba un turbante de color crema en la cabeza. Y entre sus brazos, como si fuera un gato doméstico, descansaba un pato completamente blanco.

–Tapioca –Akira se dirigió al pato con un afecto tan profundo como cuando dos novios hablan por teléfono–.

–¡Cuac! –contestó Tapioca–.

Se podía discernir el tono de “¿Qué pasa?”.

–¿Qué crees que habrá venido a hacer?

–¡Cuac, cuac! –qué había contestado, seguro que solo Akira lo sabía–.

–Pues sí, por ahora parece que ha venido a hacer turismo, ¿verdad?

 

[1] Sonríe y ten confianza en ti mismo.

[2] Aperitivo típico japonés que consiste en bolas de harina y huevo a la plancha rellenas de pulpo.

[Tsuritama] Novela – Capítulo 1-A

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Otra de las cosillas en las que estamos trabajando y que puedo subir a este blog es la traducción de la novela de Tsuritama.

Ya hemos sacado el primer capítulo, pero es muy largo, así que lo iré subiendo por partes.

¡Espero que os guste!

 

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Era como estar en el fondo del mar.

Aunque en realidad nunca había estado en el fondo del mar, así que no podía saberlo. Simplemente lo parecía. Era esa misma sensación de cuando te lanzas a la piscina y no puedes oír nada del exterior porque te pitan los oídos. ¿Qué sería de mí si me quedara atrapado así para siempre? Siempre le entraba miedo cuando pensaba en ello.

–Muchas gracias por todo.

Yuki Sanada estaba de pie frente a la tarima, y el silencio le respondió cuando lanzó sus palabras al aire. Aunque en realidad era como si hubiera hablado dentro del agua, como si su balbuceo se hubiera convertido en una pequeña burbuja que se hubiera desvanecido al instante.

Ninguno de los estudiantes mostró reacción alguna. Se limitaron a mirar a Yuki como si estuvieran esculpidos en piedra.

–De todos modos… –dice Yuki desde el fondo del mar–.

Tan solo había sido un estudiante de intercambio durante tres meses, así que de todos modos se iban a olvidar de él en cuanto saliera por la puerta. Aunque eso es lo que piensa, no puede librarse de este ritual. Eso es, esto es un simple ritual. El ritual que debe hacerse cuando un solo estudiante se cambia de colegio. ¿No lo ha hecho un montón de veces? Debería estar acostumbrado, pero nunca le salen las palabras al final. Las palabras que necesita para escapar del agua. Si sigue así, no podrá respirar. Tiene la impresión de que un simple “muchas gracias por todo” no es suficiente. Para empezar, no tiene nada que agradecer. Pero no puede decir simplemente adiós. Es decir, tampoco ha podido hacer ni un amigo, y no tendrá ni un solo recuerdo bonito de este colegio. No tiene a nadie a quien decirle adiós.

Todos siguen mirando en su dirección.

Es lógico. Dijo “gracias por todo” y “esto…” seguido del comienzo de una frase, para luego quedarse callado.

Yuki siente que sus miradas atraviesan su cuerpo y su corazón.

–¡No me miréis así! –grita su corazón a aquellos fríos ojos–.

No pasa nada. Ahora diré algo. Y en cuanto lo diga, podré salir de esta clase. Si lo hago, no se acordarán de mí durante toda su vida.

Se escuchó a alguien abriendo un estuche. La clase estaba en un silencio tan sepulcral, que incluso el estuche sintió vergüenza al haber hecho ruido.

Los estudiantes miran a Yuki con la cabeza en otra parte. El profesor mira fijamente hacia el frente. Se siente como un niño que se está ahogando lejos de la playa, sin nadie que pueda rescatarlo. No puede hacer nada, pero puede verlo todo, y puede sentirlo todo.

Ya lo sé. ¡Claro que lo sé!

Yuki siente el sudor de sus manos al agarrárselas firmemente.

Tengo que decir algo. Pero no se me ocurre nada. Ahh, no me miréis. Os lo ruego.

Los pensamientos de Yuki se convirtieron en una plegaria.

Lo siento, ya no hay nada más. ¡No tengo nada que decir!

En momentos como ese, Yuki siente los fuertes latidos de su corazón por todo su cuerpo, y la desagradable sensación de que los músculos de su cara se están tensando.

Es horrible. Ya viene. ¡Salvadme!

¡Aaaaaahhhhhh!

En ese instante, la expresión de los estudiantes cambió.

Incluso el profesor estaba mirando a Yuki, sorprendido.

Ya no hay nada que hacer. La cara de Yuki no es la misma de antes. Con una cara así no se puede contestar “qué va” cuando te preguntan si estás enfadado. Con el ceño demasiado fruncido, los ojos entrecerrados y las comisuras de los labios hacia abajo rozando el límite de lo humanamente posible, tiembla como si estuviera lleno de ira por todo lo que le rodea.

 

 

 

Ahhhh, lo he vuelto a hacer.

En sus diecisiete años de vida, Yuki se había mudado y había tenido que despedirse y cambiarse de colegio unas seis veces.

Siempre se sentía a punto de estallary acababa así. Su cara cambiaba tanto, que incluso él mismo se sorprendía. Una vez se vio en el espejo y se asustó. Eso no soy yo. Es una máscara de hannya[1] de mala calidad. ¿Cuánto tiempo más voy a estar así?

Yuki cree que aunque no fuera sincero al decir “gracias por todo”, el resto también son unos mentirosos.

Todos dicen que no tienen amigos, pero en realidad no es así. Igual que los que dicen que no estudian y luego sacan sobresaliente en todo. La verdad es que todos han tenido los amigos suficientes como para poder decir que no los tienen.

Pero yo no soy así. Yo nunca he tenido amigos. No puedo hablar con la gente. No puedo mirarles a los ojos. Si alguien así pudiera hacer amigos, sería por un milagro o por brujería.

Yuki saca un smartphone del bolsillo izquierdo del pantalón y acaricia suavemente la pantalla, repitiendo la búsqueda. “Mudanza”, “despedida”. Ya conoce la respuesta, porque lo ha buscado un millón de veces. “Cuando uno se marcha de su dirección actual para irse a vivir a otro lugar”. “La acción de usar ciertas fórmulas de cortesía al separarse de una persona o grupo de personas”.

No es que sirva de nada, porque ya se sabe la respuesta de memoria, pero no puede dejar de buscarlo.

Con la mano derecha se peina violentamente.

También es culpa de este pelo rojo. No es que me lo tiña para estar a la moda. Es de nacimiento. Tengo el pelo de un color distinto a los demás, apenas hablo y encima lo último que hago es convertirme en hannya antes de desaparecer. Así soy yo. Seguro que todos me miraban como si fuera un extraterrestre.

 

 

Hoy hace tanto sol que lo único que quiero hacer es meterme en algún rincón oscuro. El camión de mudanzas está parado frente a mi casa bajo un cielo tan azul que parece de pintura barata. Los empleados, que visten un diseño extrañamente llamativo, sacan las cajas una tras otra.

Y lanzándoles una sonrisa sale mi abuela de casa con una caja de cartón algo grande.

–No puedes hacer eso, con lo que pesa.

–No te preocupes, es la última.

Yuki le quitó la caja de cartón a su abuela y la subió al camión. Tratándose de ella, seguro que había estado haciendo cosas a pesar de que los de la mudanza le habrían dicho que no se preocupara. Su pelo rubio está algo alborotado. A pesar de parecer más pequeña por su edad, sigue siendo alta y mantiene su figura. Su nombre es Cate. Por supuesto, no es japonesa. Nació en Francia. Pero solo habla francés muy de vez en cuando.

–¿Qué tal fue la despedida?

Mi abuela nunca cambiará, siempre me habla con una sonrisa, sin importar la situación. Es la única persona del mundo con la que puedo hablar con normalidad. Cuando hablo con mi abuela, no quiero recordar cosas tristes. No quiero que sepa que a veces mi cara se transforma en eso tan raro.

–Bueno, no fue nada del otro mundo.

Desearía poder contestar algo mejor, pero por alguna razón, cuanto más me cambio de colegio, más me cuesta.

–Ya veo –a pesar de mi falta de sentimiento, mi abuela contestó con la misma sonrisa de siempre-.

 

 

 

Después de haber despedido al camión de mudanzas, Yuki se subió al coche deportivo rojo de Cate y se sentó en el asiento de copiloto.
–Bien, allá vamos, Yuki –dijo la abuela mientras se ponía sus gafas de sol favoritas–.

Eran unas gafas de sol negras con forma de lágrima. Parecía la protagonista de una película de acción.

–Abuela, ¿cómo es el lugar al que vamos esta vez?

–C’est un bel endroit[2]. Seguro que hay un montón de cosas que hacer –dijo la abuela mezclando el francés y el japonés–.

–Claro –contestó Yuki–.

Yuki no podía hablar francés, pero le gustaba cómo sonaba. Se metía suavemente en sus oídos, como si fuera una amable canción.

Pero lo triste es que no conozco un lugar tan hermoso. ¿Dónde habrá un lugar así en el mundo? No puedo creerlo.

 

 

El coche en el que viajaban Cate y Yuki se dirigía a un nuevo lugar.

Cuando pasaron por delante del instituto del que acababa de salir, Yuki se puso a hacer que miraba su smartphone, esquivando las miradas de los estudiantes. Cate miraba a Yuki, pero este no se dio cuenta. No porque hubiera bajado los ojos, sino porque sabía que Cate siempre miraba al frente sin decir nada.

Pasamos la noche en el aparcamiento de un área de servicio. Ya he perdido la cuenta de cuántas veces hemos dormido dentro del coche. Mientras mi abuela saca las mantas del maletero, yo voy a comprarle un café.

“Me gusta la noche, pues puedo olvidar las cosas que pasan durante el día”, piensa Yuki mientras arropa bien a la dormida Cate.

Ojalá pudiera dormirme tan rápido. Cuando no puedes dormir, acabas pensando demasiado. Como que las estrellas son la basura del universo y que las barren todas las mañanas y esas cosas. O que cuando se haga de día habrá que ponerse el uniforme nuevo y volver a repetir los mismos rituales. Si esa es la realidad, ¿qué significa el presente? ¿Qué hago aquí envuelto en una manta al lado de mi abuela? Esto no es el fondo del mar. Esto es un lugar real. Quiero estar aquí para siempre. Sé que no puede ser, pero ojalá la noche dure más que el día de ayer, aunque sea un poquito.

“Como suponía”, piensa Yuki cuando se hace de día.

Como suponía, el sol vuelve a lucir en el cielo, y su abuela vuelve a dirigirles hacia ese lugar maravilloso del que habla.

Ojalá no fuera yo mismo. Ojalá fuera un chico alegre, ojalá estuviera sonriendo siempre, ojalá pudiera disfrutar con las cosas más triviales. Seguro que mi abuela sería más feliz.

–Mira –la voz de su abuela lo sacó de su ensimismamiento, salvándole de los recuerdos–.

De pronto el cielo se abrió y la luz le hizo entrecerrar los ojos.

El mar.

¿Se ve el mar desde el lugar al que se dirigen?

 

 

 

Poco después de cruzar con el coche por un puente llamado Benten, una pequeña isla aparece ante los ojos de Yuki.

Es una isla de verdad…

“Enoshima”. “Isla protuberante situada en Fujisawa-shi, Kanagawa-ken, entre la costa de Shonan y la bahía de Sagami”. “Número de habitantes: 409”. Eso es muy poca gente, ¿verdad?

La isla está envuelta en un verde profundo, y una torre se alza al fondo, como si la hubiera atravesado. El faro se alza solitario, separado de la isla, y a Yuki le recuerda a sí mismo. Sobre la isla sobrevuelan con infinita elegancia los milanos, que parecen pequeños aviones. La nube que había estado mirando empezó a cambiar de forma, recordándole, al igual que su reloj analógico de pulsera, que el tiempo seguía pasando.

Yuki, ahora que estaba ante un mundo nuevo por descubrir, se encontraba perdido entre lejanos recuerdos. Algún momento en que pensaba que iba a ahogarse en el mar y su padre le miraba y sonreía. ¿Por qué estaba sonriendo? Eso pensaba en aquel momento, pero ahora lo entiende. Seguramente no pensaba que estuviera ahogándome, sino que parecía estar pasándomelo bien. ¿Por qué tan solo recuerdo con claridad cómo me sonreía en ese momento? Es un recuerdo tan distante, que ya no sabe si es bueno o no.

Al recordar todo aquello, Yuki mira hacia otro lado.

Tengo que dejar de pensar en esto. Cuando lo hago, siento un dolor punzante.

No en el pecho o en el corazón, sino aún más profundo.

 

Y en ese momento Yuki cree ver en el cielo, más allá de los milanos que flotan, y más allá de la nube que parece un mochi alargándose, una pequeña luz.

¿Un ovni? Pretendía decírselo a su abuela, pero la luz pronto se ocultó entre los rayos del sol.

¿Habían sido imaginaciones suyas?

Al pensarlo, se dio cuenta de que había vuelto a alejarse de la realidad, y volvió a su estado depresivo habitual.

 

[1] http://en.wikipedia.org/wiki/Hannya

[2] Es un sitio hermoso.